Delegar e imponer: dos caras de una misma moneda


Imponer

Hay muchas tareas difíciles de llevar a cabo, de las que seguramente todos preferirían huir: tener que despedir a un empleado, dar solución a un dilema ético, cobrarle a un deudor moroso y conchudo… en fin, todas esas tareas tormentosas que hasta pueden dañarnos el sueño en las noches.

Lo normal es aceptar que hacen parte de las funciones, cuando en realidad es así. Pero eso sólo está claro si uno ha ingresado a una empresa que tiene bien definidas las funciones de cada cargo. Lo cual no sucede con tanta frecuencia como uno quisiera.

Sea porque la empresa no dejo claro quién es el responsable de ejecutar estas tareas molestas, o por falta de escrúpulos de algunos profesionales, el caos comienza cuando el “responsable” tiene el poder suficiente para reasignarla y así liberarse de la carga. Se convierte en una aberración de la delegación de tareas, ya que no se está delegando de acuerdo a las capacidades y al buen desempeño, sino porque es el camino más rápido para deshacerse del problema sin ser el que se ensucie.

Dentro de la gran cantidad de habilidades que un líder debería tener, está la de delegar. Éste debe estar en capacidad de identificar las fortalezas y las debilidades de cada miembro del equipo y del conjunto, para lograr la correcta asignación de responsabilidades. Cuando se delega correctamente, el líder no tiene la necesidad de estar pendiente de cada paso y verá como todo el equipo se integra y apunta a un mismo objetivo.

Delegar no es un derecho del poderoso, sino una habilidad del profesional. Por lo tanto, no puede considerarse líder a aquel que saca provecho de su posición jerárquica para imponer que otros hagan el trabajo que a él le corresponde, pero que no le gusta hacer. Mucho menos lo será si lo asigna a personas que no cuentan con las herramientas y la preparación.

Es importante no arriesgarse a perder uno de los factores de influencia más importantes que podría tener un líder, el respeto. Por eso cada asignación debe tener una razón de fondo. La respuesta “porque puedo” no representa una justificación válida al asignar tareas.

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Como profesional, la palabra que mejor me define es “curiosidad”, soy incapaz de quedarme sin buscar la solución a una duda. Estudié Ingeniería Industrial y durante este periodo me di cuenta de que las llamadas fronteras del conocimiento eran más grandes de lo que creía y que aunque jamás podría aprender todo, no tenía nada de malo proponerme a aprender por lo menos una cosa nueva cada día.

Acerca de Carlos Orrego Benítez

Como profesional, la palabra que mejor me define es “curiosidad”, soy incapaz de quedarme sin buscar la solución a una duda. Estudié Ingeniería Industrial y durante este periodo me di cuenta de que las llamadas fronteras del conocimiento eran más grandes de lo que creía y que aunque jamás podría aprender todo, no tenía nada de malo proponerme a aprender por lo menos una cosa nueva cada día.

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